fotografo bodas españa malaga spanish wedding photographer

SOY MALAGUEÑO

Soy malagueño. Me gustan los camperos con pimiento y tomarme una cañita glaciar rodeado de amigos. Pasear por el Muelle, la Alameda, alrededor de la Manquita por la noche o ir de Pedregalejo a Sacaba en bici… soy un enamorado de mi tierra, pero más lo soy de mi compañera de viaje. La tengo aburrida con tantas fotos, pero es que, entre lo guapa que es y la luz que la acompaña, no me puedo resistir.

Me siento un privilegiado por haber viajado y seguir haciéndolo cada vez que puedo, me encanta conocer lugares nuevos, aventuras y recuerdos. Luego puedo cerrar los ojos y viajar a todos esos lugares que he visitado esté donde esté. También viajo entre libros… Es que no paro quieto.

CONTADOR DE HISTORIAS

Siempre quise contar historias. De pequeño entre los he-man, los transformers y goku me montaba unas películas que para qué. Luego me compraron una grabadora de audio, y me iba de reportero en busca de historias. Con 9 años, mis padres se compraron una cámara de vídeo Hi8, y ahí empezó la revolución. Usaba a mis primos y mi hermana de actores y los ponía a hacer el indio. En la adolescencia escribí mi primer libro, y por ahora único. 400 páginas de aventuras y risas no aptas para padres. Ya pasados los 18, escribí mi primer guión para cómic, que luego plasmó un amigo, y que incluso llegó a ganar un premio ¡oiga! Otro amigo, cogió uno de mis relatos y lo transformó en cortometraje. Aquello me fascinó, tanto que me puse a hacer mis propios cortometrajes y luego incluso comencé la carrera de Comunicación Audiovisual. Cuando la terminé me fui a trabajar a Dublín para un estudio fotográfico y todo cobró sentido. Desde entonces ya solo veo a través de la cámara.

Salgo siempre que puedo en busca de momentos que capturar. Por ahí escucho de otros compañeros que somos ladrones de belleza. Queda muy romántico, pero no me considero así, pareciera que no tengo nada que ver con esa belleza. La belleza se crea, la belleza depende también del ojo que la mira.

ENSEÑAR FOTOGRAFÍA

El otro día me fui a comprar una funda para mi guitarra y para asegurarme de que el tamaño era el suyo, fui con la guitarra. Salí de la tienda con la guitarra colgada a mis espaldas y pensé que muchos de los que me vieran creerían que era músico. No hace falta que ponga a dar un concierto, sólo con el hecho de llevarla a hombros, muchos ya lo darían por hecho. ¡Y qué va! Toco la guitarra cuando me aburro o quiero canturrear un rato, pero doy más pena que otra cosa, en serio. Creo que eso también es lo que pasa con los cámara de fotos y los fotógrafos. Muchos se cuelgan una pedazo de réflex del cuello y ya todos le creen fotógrafo, a veces hasta esa persona misma se lo cree… La fotografía va mucho más allá de entender el diafragma y el obturador, va mucho más allá de comprarse la última cámara del mercado. La fotografía va de sentir, va de estar en el lugar y en el momento indicado, va de sentirse pequeñito en un mundo de historias, va de saltar cualquier vaya que te venga a detener. La fotografía va de vivir.

También disfruto, intentando transmitir a otros esta pasión que siento por la fotografía. Cuando empecé a dar clases, un amigo me preguntó que de cuánto tiempo eran las clases. Cuando le dije que hacía cursos de un año me dijo, literalmente “¡Tanto se tarda en explicar dónde está el botón de disparo!”. De piedra me dejó. Incluso cuando lo recuerdo después de tanto tiempo se me empieza a poner rocoso parte del omoplato izquierdo…

MIS TARIFAS

Y es que la gente tiene derecho a opinar incluso de lo que no sabe, ¡faltaría más! Pasa en cualquier campo: los coches, los deportes, la tecnología… Pensad en los vinos, con toda la cultura que hay alrededor de ellos. Está claro que si te gusta beberlo de tanto en tanto, lo compraremos en el súper. Sin embargo, para una ocasión memorable, nos plantearíamos comprar uno más bueno y aquí es donde entraría el eterno dilema. Un vino de 100€ puede ser carísimo y otro por el triple, una ganga. Todo depende de si es importante para ti disfrutar de un buen vino en esa ocasión irrepetible, o de si prefieres otro que es mucho más barato y parece igual de bueno hasta que lo pruebas. Está claro que en muchos casos el bolsillo manda y que cada uno tiene sus prioridades. Como fotógrafo de bodas en España, me encuentro con este dilema a menudo. Aunque, a diferencia del vino, la fotografía no sólo la disfrutas un momento, si no que te acompañará toda la vida.

Me siento honrado por todas las parejas que me contratan sabiendo que el precio es lo de menos. Parejas que saben apreciar mi trabajo, y le dan a mi fotografía un valor más allá de lo que cuesta. Lo he dicho siempre, y lo repetiré hasta la saciedad. Si quieres que esté en ese día especial, estaré, el precio es lo de menos. Si crees que el precio es lo de más, entonces no quieres que vaya yo, quieres que vaya uno de estos que por colgarse una guitarra se creen músicos.

MI MANERA DE TRABAJAR

Soy fotógrafo de personas que no acostumbran a ponerse delante de un fotógrafo. Con frecuencia creo que me ven como a un dentista, rápido y para casa, y con mucha anestesia, por favor, para que no me entere… Lo típico es: no sé posar, no me gusta sonreír porque no salgo natural, luego le metes photoshop, ¿eh?

¡Qué cruz! Yo no pido sonreír, yo no pido que actúes, yo pido que sientas. Al final el tiempo vuela, al final no era para tanto, al final no hizo falta photoshop, al final se lo pasan bien y ríen y bromean y se besan y yo los dejo y me voy para otro lado porque no me gusta interrumpir.

Cuando hay amor, las fotografías nacen con alma.

¡Qué bonito es amar!